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La tormenta azota mi barca, me sobrepasa
de un lado a otro, todos mis refugios están inundados
y mis opciones se reducen al ahogamiento.
Pero tú, allí descansando... Tan tranquilo es tu
dormir, que no te afanas por las muchas
olas de preocupaciones...
Pero yo, con tan incrédulo corazón que ruega por
ayuda cuando ya lo has hecho...
Pero qué débil fe la que me acoge cuando te pido
me rescates, siendo que gracias ti, yo puedo cantarte serenatas de amor aún en medio de la tempestad.
Mateo 8:23-26